No es nada nuevo que el cuerpo humano necesita seguir los mandamientos de una alimentación balanceada para funcionar de forma sana, pero cuando se trata de inmunidad, es aún más necesario prestar un poco más de atención a las dietas más eficaces. Defensor de nuestro organismo contra todo tipo de cuerpos extraños, el sistema inmunológico necesita estar adecuadamente “equipado” contra estos invasores y, para ello, algunos nutrientes son indispensables para esta función protectora.

La munición de nuestras células de defensa pasa principalmente por alimentos fuentes en carbohidratos, grasas (omega 3 y 6), proteínas (aminoácidos como la arginina y la glutamina), vitaminas A, C y, además de las bacterias beneficiosas, encontradas en probióticos.

Lo que más daña es que la gente hace dietas muy rígidas para adelgazar y el sistema inmunológico es vulnerable. Además, las personas en los períodos más fríos, como el invierno, consumen la fondue, vino tinto y chocolate, que son más calóricos y, en las comidas previas o inmediatamente después de que el consumo de estos productos, saltan comidas importantes o comen una cantidad insuficiente, como una sola fruta, leche, yogur o una ensalada, para “compensar” lo exagerado.

Además de comer de la manera correcta, necesitamos descansar, tener un sueño reparador y gestionar el estrés, porque el cansancio extremo y los aspectos psicológicos pueden afectar al sistema inmunológico.

Nutrientes que blindan las defensas del cuerpo y dónde encontrarlos:

Carbohidratos: son la fuente de energía más rápida y pueden encontrarse de forma más saludable en patatas (dulce, inglesa), mandioca, mandioca, ñame, cará, panes integrales, tapioca, entre otros.

Grasas insaturadas: mejoran la respuesta inmune del organismo frente a los agresores: peces omega 3 (Sardina, trucha, lenguado, atún, novio, salmón), de 2 a 3 veces por semana; aceites vegetales como maíz, soja, oliva y oleaginosas (castañas en general, nueces, almendras).

Vitamina A: actúa en el desarrollo de glóbulos blancos (linfocitos) y como antioxidante y tiene un efecto protector. Puede encontrarse en frutas y verduras amarillentas y anaranjadas, como calabaza, zanahoria, mango, guayaba, en el hígado, yema de huevo, leche y sus derivados.

Vitamina C: es la vitamina de la inmunidad, sus fuentes son las frutas ácidas como naranja, limón, maracuyá, kiwi, toronja, fresa, guayaba, entre otras.

Vitamina E: es un potente antioxidante, se encuentra en aceites vegetales como maíz, soja, oliva y oleaginosas (castañas en general, nueces, almendras).

Probióticos: impiden la proliferación de organismos malignos en el organismo y aumentan los beneficios. Se encuentran en la leche fermentada, yogur o suplementos en polvo.

Arginina: aumenta la actividad de los linfocitos y macrófagos, y se encuentra fácilmente en los quesos, yogur, frijoles, uva pasa, castañas, nueces, avellanas, maíz, cacao y avena.

Glutamina: es el que suministra energía directamente a las células del sistema inmunológico. Está presente en alimentos como carne, pescado, huevos, yogur, leche, queso, judías, guisantes, repollo, remolacha, espinacas, coles, perejil.